Hamilton: An American Musical

 De cómo saber cuándo tomar una oportunidad.


Mucho puede decirse acerca del musical "Hamilton", creado por Lin Manuel Miranda y debutado en 2015 por primera vez. Nos narra la historia del décimo padre fundador de los Estados Unidos de América, un inmigrante caribeño, huérfano y pobre que escaló a lo largo de su vida hasta convertirse en el secretario del tesoro después de la independencia.

Lin Manuel nos introduce a su relato (que si bien en nuestros días es más que claro el contexto social y cultural de aquel momento) acerca de superación personal y la evolución de un niño hambriento y moribundo que logra abrirse paso con nada mas que su intelecto, sin desperdiciar ninguna oportunidad, lo que lo lleva a la cima y, lamentablemente, a su posterior fracaso.

Hablemos primero del personaje. Alexander Hamilton llega a Nueva York donde conoce a su amigo, y posterior asesino, Aaron Burr; un hombre impulsado a marcar su legado y honrar a sus padres, pero demasiado asustado como para tomar acciones en su propio destino mientras él (Alexander) es un chico sin nada que perder, dispuesto a entregarlo todo y a jamas desperdiciar su oportunidad.


"I am not throwin' away my shot.

No voy a desperdiciar mi tiro".


La dicotomía entre estos dos personajes se refleja en su manera de actuar ante las situaciones que acontecen en su vida. Hamilton lucha constantemente para subir los peldaños del conflicto mientras que Burr espera, solo espera, razón del por qué de su leitmotiv (determinada melodía simbolizando un personaje o acción)


"Wait for it.

Espéralo".


La paciencia de Burr está llena de miedo e indecisión, lo cual se refleja durante todo el primer acto ya que se dedica a ser silencioso y tratar de pasar desapercibido. Tras ver morir a sus padres, siente que su legado necesita ser protegido para no perder su apellido, que es lo único de valor que queda aun en su vida. No toma posturas, es renuente con apoyar sus creencias o siquiera compartirlas, al contrario de Hamilton, que grita al cielo por libertad y pelea incluso con George Washington, su superior, para poder combatir sin limitaciones dispuesto a ofrecer su vida para lograr un cambio.

Pero todo cambia con la canción del mismo nombre que protagoniza Aaron en el segundo acto, explícitamente diciéndonos que él no está quieto, que está a la espera, que no es indecisión, es meditación y que no puede comprender cómo Hamilton no se detiene, cómo pelea por sus ideales y no medita sus decisiones, cosa que tampoco termina de ser la ideal para ninguno de los dos personajes. Gracias al buen desarrollo de personajes que crea Lin Manuel Miranda es como vemos que en el camino de ambos algo cambia, se invierte y provoca que Burr comience a tomar sus oportunidades demasiado tarde y Hamilton se ve acorralado a revelar uno de sus secretos, arrinconado por él mismo y su miedo a ser desprestigiado, miedo mucho más grande que a la opinión publica, como antes lo sentía Burr.

El duelo final entre Hamilton y Burr se da porque Alexander decide apoyar al contrincante en campaña de Burr lo cual provoca una serie de cartas donde los ánimos se van calentando cada vez más hasta que deciden batirse en duelo en Nueva Jersey, a un lado del Hudson. Y entonces llega el trágico final.

Por primera vez en toda su vida Hamilton piensa en cómo su obsesión por hacerse de un buen nombre lo llevó a desprestigiar su apellido, humillar a su familia y herir a su esposa (en un monologo interno mientras la bala que dispara Burr hacia el se aproxima), en cómo jamás llegara a ver los frutos de su legado y cómo sus acciones sin meditación lo llevaron a enfrentarse con el que fue su primer amigo. Al mismo tiempo, Burr se da cuenta casi al instante de su decisión, disparo su tiro sin contemplaciones previas, algo que su yo anterior jamás hubiera comprendido y ahora que lo ha hecho no puede detenerlo, es así como mientras Burr se arrepiente de su acción Hamilton recibe la bala mientras apunta al cielo con su arma, desperdiciando su tiro por primera vez en su vida, con consecuencias fatales.


Todo dentro del musical se trata de las oportunidades, de como aprovecharlas no siempre traerá resultados positivos y todo será definido únicamente por ti; tus decisiones, tus contemplaciones, tus deseos y tus mas grandes errores. Al final, Hamilton no sólo es un musical excelso lleno de pequeños elementos listos para deslumbrar, sino que habla de equilibrio, de la impulsividad y la pasividad. Es un ejercicio de reflexión vital para conocernos a nosotros mismos, nuestras capacidades y darle el peso que merecen a nuestras decisiones, podamos vivir con ellas o no.

Escrito por Itzel Illescas

Corrección por Yolanda Nuñez

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